Por otro lado, la Sección 101(a)(15)(B) del INA define la visa B2 como aquella otorgada a personas que desean ingresar temporalmente al país por turismo, visita a familiares o atención médica. La palabra clave aquí es "temporalmente": el oficial consular debe quedar convencido de que usted regresará a su país de origen.
El Código de Regulaciones Federales de Estados Unidos (22 CFR § 41.31) detalla los criterios que los oficiales consulares deben evaluar, incluyendo lazos económicos, familiares y sociales en el país de origen. Puede consultar la normativa oficial directamente en el portal del Gobierno Federal de Estados Unidos:
• USCIS – Ley de Inmigración y Nacionalidad (INA)
• Departamento de Estado – Visa de Visitante (B1/B2)
• ECFR – 22 CFR § 41.31 Regulación de Visas B
Nuestra protagonista se llama Doña Altagracia, una señora de 58 años, casada, con tres hijos adultos, propietaria de un colmado (tienda de abarrotes) en un barrio de Santo Domingo que lleva funcionando 14 años. Su hijo menor, Luis Miguel, migró a Nueva York hace seis años, obtuvo la residencia permanente (tarjeta verde) y decidió que ya era hora de que mamá conociera la Estatua de la Libertad en persona, aunque sea desde el ferry.
Luis Miguel, que es un buen hijo —hay que reconocerlo—, se despertó un sábado a las 5:00 a.m. y se dedicó a redactar lo que él llamó "La Carta Magna de la Invitación". Un documento de tres páginas, con letra Times New Roman tamaño 12, interlineado 1.5, que incluía desde la dirección exacta del apartamento hasta la marca del sofá donde dormiría su madre. Adjuntó copias de sus talonarios de pago, el contrato de arrendamiento, una carta del empleador y hasta un recibo de la cuenta de luz de marzo. El documento parecía más un expediente judicial que una carta de invitación familiar.
Doña Altagracia llegó a la embajada con su carpeta gruesa, vestida como si fuera a una boda, con más nervios que una persona en un ascensor atascado. Cuando le tocó el turno, el oficial consular —un joven que aparentaba tener más arrugas en la frente que Doña Altagracia en toda su cara— revisó el DS-160 (formulario de solicitud electrónica), miró la carta con una calma que irritaría a un santo, y entonces empezó la entrevista:
Oficial Consular: ¿Cuál es el propósito de su viaje?
Doña Altagracia: Mi hijo me invitó. Mire, aquí tengo la carta. Son tres páginas.
Oficial Consular: Sí, la veo. ¿Usted trabaja?
Doña Altagracia: Sí, señó, tengo un colmado que llevo desde hace catorce años.
Oficial Consular: ¿Tiene algún documento que demuestre que ese negocio es suyo?
Doña Altagracia: Pues... no traje nada de eso. Mi hijo dijo que con la carta era suficiente.
Oficial Consular: ¿Su esposo viaja con usted?
Doña Altagracia: No, él no quiso venir.
Oficial Consular: ¿Por qué?
Doña Altagracia: Dice que tiene mucho trabajo en el colmado.
Oficial Consular: *(hace una pausa que parece durar una eternidad)* Entonces, si su esposo se queda atendiendo el negocio que es de usted... ¿quién demuestra que usted tiene lazos económicos aquí?
Doña Altagracia: *(silencio cósmico)*
Resultado: Visa denegada bajo la sección 214(b). Doña Altagracia salió de la embajada con la cara de quien pierde el billete de lotería ganador y con una pregunta martillándole la cabeza: "¿Pero si mi hijo mandó hasta el recibo de la luz, cómo me la negaron?"
La respuesta es brutalmente sencilla y a la vez dolorosa: la carta de invitación no demuestra los lazos del solicitante con su país de origen. El oficial consular no evalúa si el invitante tiene recursos; evalúa si el solicitante tiene razones suficientes para regresar. Luis Miguel montó un expediente impecable sobre su propia vida en Nueva York, pero olvidó lo más elemental: demostrar que su madre tenía una vida que valía la pena regresar a reclamar en Santo Domingo.
¿La moraleja? Su familiar en Estados Unidos puede tener mansiones, yates y una cuenta bancaria con más ceros que un número de teléfono, pero si usted no demuestra sus propios lazos, la carta de invitación será tan útil como un paraguas en un huracán categoría cinco: decorativa, pero inútil.
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