sábado, 3 de enero de 2026

Venezuela, Ucrania y Taiwán: El Tablero Real del Poder Global. Por Profesor José Ramón Ramírez Sánchez.

Venezuela, Ucrania y Taiwán: El Tablero Real del Poder Global

¿Invasiones, negociaciones silenciosas o un gran show geopolítico entre potencias?

Por José Ramón Ramírez Sánchez
Análisis internacional

Introducción

Los acontecimientos recientes en Venezuela, marcados por la supuesta captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, no pueden analizarse como un hecho aislado ni como una simple operación de fuerza. Lo ocurrido se inscribe en un contexto mucho más amplio: el de una reconfiguración silenciosa del orden internacional, donde las grandes potencias actúan bajo reglas no escritas, equilibrios tácitos y una lógica de intereses que rara vez coincide con los discursos públicos sobre soberanía, democracia o legalidad.

Venezuela, Ucrania y Taiwán representan hoy tres escenarios distintos de un mismo fenómeno: la disputa global por poder, recursos estratégicos y zonas de influencia, en un mundo donde nadie se enfrenta directamente con nadie, pero todos presionan hasta el límite permitido.

 

La extracción de Maduro: ¿operación militar o reordenamiento estratégico?

Uno de los aspectos que más interrogantes genera entre analistas internacionales no es solo el anuncio de la captura de Maduro, sino la aparente facilidad con la que se ejecutó la operación. En un país con décadas de preparación en seguridad, inteligencia, contrainteligencia y alianzas con potencias como Rusia, China e Irán, una extracción de esta magnitud sin una confrontación prolongada resulta, como mínimo, llamativa.

Esto abre una pregunta inevitable —analítica, no acusatoria—:

¿Fue una falla de inteligencia o una decisión estratégica de permitir que ocurriera?

En la política internacional real, las grandes potencias no siempre defienden personas; defienden estructuras, intereses y estabilidad controlada. A veces, sacrificar una figura visible puede servir para preservar un sistema completo.

 

La ausencia del verdadero centro operativo

Otro elemento clave es que no fue neutralizada la figura que muchos consideran el núcleo operativo del poder interno venezolano: Diosdado Cabello.

Lejos de desaparecer, Cabello:

  • Aparece públicamente.
  • Emite mensajes de cohesión, unidad y control.
  • Refuerza el despliegue de seguridad interna.
  • Proyecta autoridad institucional y continuidad del Estado.

Desde una lectura estratégica, esto es fundamental. En operaciones destinadas a desmantelar un régimen, el objetivo suele ser el centro real de mando, no únicamente el liderazgo formal. La permanencia activa de Cabello sugiere que no se buscó el colapso total, sino un reacomodo del poder.

 

Mano dura interna: el Estado en modo supervivencia

Tras los acontecimientos, Venezuela entró en una fase de endurecimiento interno:

  • Mayor presencia militar y policial.
  • Operativos de vigilancia.
  • Detenciones preventivas.
  • Criminalización del disenso bajo la narrativa de “enemigo interno”.

Este patrón no es exclusivo de Venezuela. Es una respuesta clásica de los Estados que perciben una amenaza existencial: control antes que legitimidad, estabilidad antes que apertura.

El costo, como suele ocurrir, lo asume la población civil, atrapada entre el miedo, la censura y la incertidumbre.

 

Trump y el mensaje implícito

Las declaraciones recientes de Donald Trump sobre Venezuela no apuntan a una guerra prolongada, sino a control, previsibilidad y resultados estratégicos. El discurso se centra en seguridad hemisférica, narcotráfico y estabilidad, más que en reconstrucción democrática.

En términos geopolíticos, el mensaje hacia otras potencias es claro:

Estados Unidos actúa, pero no busca una escalada global.

Esto es clave para entender por qué no se produjo una reacción militar directa de Rusia o China.

 

El petróleo: el verdadero eje silencioso

Venezuela no es solo un conflicto político; es un nodo energético estratégico. Posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo y ha sido proveedor clave para China, India y otros mercados asiáticos.

La presencia de petroleros vinculados a Rusia, China e India en aguas venezolanas, junto con las sanciones y bloqueos estadounidenses, revela que el conflicto no gira únicamente en torno a ideología o liderazgo, sino al control de flujos energéticos en un mercado global tensionado por la guerra en Ucrania y la transición energética.

 

El paralelo global: Venezuela, Ucrania y Taiwán

Aunque distintos en historia y legalidad, los tres casos muestran un patrón inquietante:

  • Rusia invade Ucrania y consolida control territorial parcial.
  • China presiona a Taiwán, pero evita una invasión directa.
  • Estados Unidos interviene en Venezuela, pero sin ocupar ni destruir el Estado.

En los tres escenarios:

  • No hay enfrentamiento directo entre potencias nucleares.
  • Las guerras se mantienen regionalizadas.
  • Se respetan límites no escritos.
  • La retórica pública es intensa; la confrontación directa, contenida.

Esto alimenta la percepción —no comprobable, pero estratégicamente coherente— de que existe una coexistencia tácita de esferas de influencia.

No un acuerdo formal, sino una comprensión mutua del costo de cruzar ciertas líneas.

 

¿Negociaciones secretas o entendimientos implícitos?

No existe evidencia pública de un pacto entre Estados Unidos, Rusia y China para repartirse territorios o recursos. Sin embargo, la política internacional moderna no necesita tratados visibles para funcionar.

Funciona mediante:

  • Señales.
  • Omisiones.
  • Silencios estratégicos.
  • Canales diplomáticos permanentes.
  • Interdependencia económica.

En este sistema, no intervenir también es una forma de decidir.

 

¿Fallos de inteligencia o decisiones calculadas?

La pregunta final no es si fallaron las inteligencias de Venezuela, Rusia o China, sino si intervenir activamente era rentable.

Las potencias no actúan por lealtad ideológica, sino por:

  • Costo-beneficio.
  • Riesgo sistémico.
  • Prioridades globales.

A veces, permitir que un evento ocurra es menos costoso que impedirlo.

 

Conclusión: el fin de las ilusiones

La política internacional contemporánea no es un campo de buenos y malos, sino un tablero de cálculo frío. Venezuela, Ucrania y Taiwán no son solo crisis nacionales; son escenarios donde se prueba el equilibrio del poder global.

La narrativa mediática simplifica.
La realidad estratégica complejiza.

No todo es conspiración, pero casi nada es casualidad.

 

Comentarios finales del autor

Este análisis no acusa ni absuelve. No afirma conspiraciones ni descarta negociaciones. Plantea preguntas legítimas que surgen cuando los hechos observables no encajan del todo con los discursos oficiales.

La historia demuestra que las grandes potencias rara vez actúan por principios absolutos. Actúan por intereses, estabilidad y control del riesgo.

Entender esto no significa justificar invasiones, capturas o represiones. Significa reconocer que el mundo actual se rige menos por moral y más por administración del poder.

El tiempo, los archivos y la historia futura revelarán qué fue error, qué fue cálculo y qué fue silencio estratégico.

— José Ramón Ramírez Sánchez

 


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