sábado, 3 de enero de 2026

Venezuela entra en una nueva fase de poder tras la crisis: mano dura interna y repercusiones globales. Por José Ramón Ramírez Sánchez.

 

Venezuela entra en una nueva fase de poder tras la crisis: mano dura interna y repercusiones globales

Por José Ramón Ramírez Sánchez
Análisis internacional

Caracas / Washington / Moscú / Pekín

Venezuela atraviesa una de las coyunturas más críticas de su historia reciente tras los acontecimientos que han sacudido el equilibrio político interno y reactivado tensiones geopolíticas de alcance global. La supuesta captura del presidente Nicolás Maduro en una operación militar atribuida a Estados Unidos, sumada a la respuesta inmediata del aparato de seguridad venezolano, ha provocado una reconfiguración acelerada del poder, una militarización del control interno y un nuevo foco de conflicto en el sistema internacional. Aunque las versiones oficiales difieren de forma radical, el impacto político es innegable: el Estado venezolano actúa bajo una lógica de emergencia permanente, con discursos de resistencia, depuración interna y defensa nacional.

 

Un país en “modo seguridad”

Tras las primeras informaciones difundidas desde Washington, autoridades venezolanas reaccionaron con un despliegue reforzado de fuerzas militares y policiales en Caracas y otras ciudades estratégicas. Puntos de control, patrullajes intensivos y vigilancia reforzada marcaron las primeras horas posteriores a la crisis. La narrativa oficial se centró en denunciar una agresión extranjera y advertir sobre la existencia de “enemigos internos” y “colaboradores”. En este contexto, el gobierno anunció operativos de seguridad destinados a identificar responsables, cómplices y posibles focos de desestabilización.

Diversos analistas coinciden en que Venezuela ha entrado en una fase de endurecimiento del control estatal, donde la prioridad no es la apertura política sino la preservación del poder.

 

Diosdado Cabello y el centro operativo del poder

En medio del vacío de liderazgo visible, Diosdado Cabello emergió como la principal figura pública del chavismo. Sus apariciones en medios estatales marcaron el tono del nuevo momento político: firmeza, confrontación directa con Estados Unidos y llamado a la disciplina interna.

Más allá de cargos formales, Cabello es considerado por analistas como uno de los operadores clave del poder real en Venezuela, con influencia en sectores militares, organismos de seguridad e inteligencia. En contextos de crisis, los sistemas políticos autoritarios suelen desplazarse desde estructuras civiles hacia núcleos de control operativo, donde el mando efectivo recae en quienes controlan la fuerza y la seguridad.

Desde esta perspectiva, la actual etapa se caracteriza por una centralización aún mayor del poder, con decisiones rápidas, escaso margen de disenso y una narrativa de “resistencia nacional”.

 

Vigilancia, detenciones y clima de temor

Organizaciones de derechos humanos y observadores independientes han advertido sobre un aumento de detenciones preventivas, interrogatorios y allanamientos, bajo acusaciones de conspiración, espionaje o colaboración con potencias extranjeras.

En la práctica, esto ha generado:

·       Autocensura en medios y redes sociales.

·       Reducción del espacio cívico.

·       Temor generalizado en sectores opositores y críticos.

·       Incremento de la migración como mecanismo de protección personal.

El gobierno sostiene que estas acciones son necesarias para preservar la estabilidad del país frente a una amenaza externa, mientras que críticos las califican como una profundización de la represión política.

 

Impacto internacional y fractura regional

La reacción internacional ha sido inmediata y polarizada. Estados Unidos defendió la operación como parte de su política contra el narcotráfico y el crimen transnacional, mientras varios países denunciaron una violación grave de la soberanía venezolana.

En América Latina, la crisis ha evidenciado profundas divisiones:

·       Algunos gobiernos han respaldado la acción estadounidense o guardado silencio estratégico.

·       Otros han condenado la intervención y advertido sobre el peligro de sentar precedentes de uso unilateral de la fuerza.

Rusia, China e Irán expresaron su rechazo a cualquier acción militar sin aval multilateral, señalando que el caso venezolano podría convertirse en un nuevo punto de fricción en el ya debilitado orden internacional.

 

Escenarios abiertos

Expertos en política internacional identifican tres escenarios principales:

  1. Consolidación de un Estado más militarizado, con control férreo y aislamiento creciente.
  2. Fragmentación interna del chavismo, con disputas entre facciones civiles y militares.
  3. Transición forzada, impulsada por presión internacional y negociaciones internas de alto riesgo.

Por ahora, el primer escenario parece dominar, al menos en el corto plazo.

 

Un precedente global delicado

Más allá de Venezuela, este episodio plantea preguntas fundamentales sobre el derecho internacional, la soberanía y los límites de la intervención. Si acciones de este tipo se normalizan, advierten especialistas, el sistema global podría entrar en una etapa donde la fuerza prime sobre la legalidad.

“Venezuela no enfrenta simplemente un cambio de liderazgo, sino una transformación profunda del ejercicio del poder. La actual etapa se define por la mano dura, la vigilancia interna y una narrativa de resistencia que prioriza el control sobre la legitimidad democrática. Las consecuencias de esta crisis se extenderán más allá de las fronteras venezolanas, impactando la política regional y el equilibrio geopolítico global en los próximos años.”

 

Comentarios finales del autor

Los acontecimientos recientes en Venezuela deben ser analizados con prudencia, rigor y responsabilidad, evitando conclusiones apresuradas o narrativas absolutas. En escenarios de alta tensión política y geopolítica, la información suele fragmentarse, politizarse o instrumentalizarse por distintos actores con intereses legítimos y otros estratégicos.

Este análisis no pretende validar ni deslegitimar a ningún liderazgo, gobierno, potencia extranjera, sector opositor o fuerza interna. Tampoco busca justificar acciones militares, medidas de control interno ni discursos de confrontación. Su único propósito es observar, contextualizar y explicar dinámicas de poder visibles y sus posibles efectos, desde una perspectiva periodística y analítica.

Venezuela se encuentra en un punto crítico donde las decisiones que se tomen —tanto dentro como fuera de sus fronteras— tendrán consecuencias duraderas para su población, la región y el orden internacional. La historia demuestra que los conflictos prolongados rara vez ofrecen ganadores claros y, en la mayoría de los casos, el mayor costo lo asumen los ciudadanos comunes.

La comunidad internacional, los actores internos y los observadores externos tienen la responsabilidad de priorizar la estabilidad, la vida humana, el respeto al derecho internacional y las salidas pacíficas, aun en contextos de profundas diferencias políticas e ideológicas.

El tiempo, la verificación independiente de los hechos y los procesos diplomáticos determinarán el rumbo final de esta crisis. Mientras tanto, el análisis debe mantenerse abierto, equilibrado y consciente de la complejidad del momento histórico que atraviesa Venezuela.

— José Ramón Ramírez Sánchez

 

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